miércoles, 25 de abril de 2007

Cuentos de William Payne (Parte IV)


Al parecer el estúpido matón no sabía con quien trataba, pensaba que estábamos llorando desconsolados porque el hombre del saco volvería y se comería a algún otro de nosotros. Ahora estábamos todos juntos de nuevo, y teníamos las dos armas que portaba el matón. Según dijo antes de morir los malos eran unos 30, nosotros 8, algunos heridos. Sin lugar a dudas estaban en seria desventaja, sólo 30 contra 8, contra 8 lobos heridos cuya única opción era luchar o morir, sin lugar a donde huir. Lobos heridos, lobos rabiosos, los nuevos diablos que traerían el infierno a sus antiguos dueños. Era hora de matar o morir matando.


La situación era la siguiente, estábamos en un parking automático o lo que quedaba de él, para movernos por aquí utilizaríamos la plataforma en la que vinieron los matones, que antaño fue un aparcacoches autómata, ahora se controlaba desde un panel, o eso, al menos, fue lo que sentenció Robert.

Comenzamos a movernos en la isla de metal que se deslizaba sobre robustos raíles de acero y plástico. Tras un par de giros, comenzamos nuestro descenso a lo que sería el cielo. Un ruido delató la presencia de otro de estos aparcacoches y comenzamos un tiroteo en paralelo durante la bajada. Planta, cruce de disparos, planta cruces de disparos. Todo se iluminaba durante una fracción de segundo, ellos nos tiraban trozos de plomo, nosotros a ellos también. Así durante al menos 3 ó 4 plantas. Por fin llegamos a nuestro destino, a lo que pensábamos que era la salida, pero no era así. Además, nuestros enemigos también llegaban. En el último cruce de disparos Nina cayó, no sabíamos si muerta o herida, todos corrimos a lo que parecía un coche calcinado. Nina si estaba inconsciente en el suelo no corría ningún peligro, si estaba muerta, tampoco. La situación era frustrante; sin luz, si apenas armas ni blindaje, y dos tipos jugando a cazar. El Argentino se adelantó, ya que él veía en la oscuridad. No era lo mejor mandar a alguien de los Mass Media a cubrirnos el culo, pero era nuestra mejor baza, el gato que veía en la oscuridad. Robert tampoco aguantó pacientemente y se esparció, así como más tarde yo. Todo fue muy confuso, tiros, carreras, un intento por mi parte fallido de emboscada y uno de mis compañeros que me disparaba confundido. Al final, humo. La niebla se dispersó y al parecer habíamos vencido a los dos mortales matones. Ahora teníamos sus armas, sus cascos, sus blindajes, pero no para todos. Y venían más.

Teníamos una rampa de bajada, por ahí vendrían.

Robert, en una asombrosa metamorfosis en zorro, encontró un hueco por uno de los elevadores para humanos o no tanto; desde ahí bajaríamos unos cuantos y emboscaríamos a los que subiesen por la rampa. Así hicimos. Todo fue deprisa. Ya no éramos lobos, éramos leones irrumpiendo en medio de una manada de gacelas, les destrozamos, les machacamos, les cazamos. Les hicimos sangrar y gemir, huir sin demasiado éxito. Les devoramos.

Fue un gran trabajo en equipo dentro de las posibilidades de cada uno, tras la masacre, volvimos a ser lobos.

Nos quedaban otros cuantos pisos para llegar a la salida, al parecer a partir de aquí era un parking normal. Bajamos y bajamos. Ayudamos a los heridos. Nina había perdido su pie en el ascensor, apenas se quejaba, sólo temblaba. Por fin llegamos a la calle tras encontrar en una antigua caseta de cobro parte de nuestras pertenencias.

Los tipos que habíamos masacrado tenían poco que ver con los tipos que nos encerraron aquí, o al menos eso fue lo que pensamos todos, y lo que más tarde hizo que nuestra sangre se helase.

De repente ruido de motores de Jeep; es ahora cuando venían los profesionales de verdad, no los capullos pobremente equipados con parte de nuestro equipo. Es ahora cuando sonaban las trompetas del Apocalipsis, es ahora cuando aparecerán los jinetes, probablemente más de 4 que no queremos ver. Cerca, un puente ruinoso, emblema de alguna campaña preelectoral de algún alcalde corrupto, justo, después del puente, un muro que separaba la mala vida de la terrible vida en la zona de combate de Seattle. Posiblemente, fuese nuestra única salvación, eso si los policías que guardan la entrada/salida no son demasiado ciberpsicópatas y abren fuego antes de preguntar. Esa preocupación me la guardé, las cosas ya estaban lo suficientemente jodidas.

Corrimos, reptamos, nos arrastramos hasta el puente. En la rivera del río los caballos, encima, los jinetes. No llevaban guadañas, llevaban cañones de 7.62mm. Gran problema.

Nuestra carrera contra reloj contra el juicio final fue frenética, al llegar al primer cuarto del puente, se preveían infructuosa. Llegamos a lo que fueron un par de cables de acero que sujetaban parte de la estructura del puente para soportar el peso de cualquier tipo de tráfico, ahora destrozados y sobre el piso.

“Seguid vosotros” Dijo una voz que pertenecía a Scottie.

Todos preguntamos qué demonios hacía. Todos sabíamos que no llegaríamos al final del puente sin ser masacrados, Scottie también. Decidió quedarse, aguantar la tormenta y darnos un respiro. Él era quien mejor manejaba nuestra pobre artillería, el que mejor lucharía en ese campo, el que menos posibilidades tenía de llegar al final del puente, el que más nos retrasaría. Él fue quien luchó en Centro América junto a Cheng, quien ahora le abrazaba despidiéndose para siempre. Él fue quien persuadió al alemán para que no le siguiese, sólo le molestaría. Él fue quien me dijo que contase esta historia, y que contase algo bueno de él. Él fue el héroe.

Seguimos corriendo, detrás el Armagedón se llevaba a Scottie a donde no le veríamos jamás. Explosiones, ráfagas. Brillos. Silencio…

Nosotros ya estábamos ante los agentes tratando de persuadirles para que nos dejasen entrar. No sabemos cuanto fue el tiempo de la discusión, pero al girarnos, a escasos 15 metros, se encontraban los jinetes… con sus caballos jadeando, sus armas humeando.

No se qué hablaron Derek y compañía con la policía, pero tras un mortal cruce de miradas… pasamos al otro lado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mu bueno el relato!
Me ha gustado sobre todo lo de los lobos , los leones , las gacelas ,los tigres las peras y las manzanas ( je,je, es broma).
Y la descripción del apocalipsis final está muy inspirada.
¡ Buén relato!

Bokeratsu dijo...

Me alegro que te haya gustado y sobre todo que hayas tomado parte de tu tiempo leyéndolo. Las verdad que me divierto mucho escribiendo los relatos de William Payne y creo que mis jugadores se divierten en mis partidas leyéndolos/oyéndolos.