lunes, 17 de diciembre de 2007

Mi nuevo descubrimiento: Las cartas UFS


En la pasada edición del salón del comic de Madrid me compré dos mazos del juego de cartas coleccionables UFS. Como no podía ser de otra manera (de otra manera sería pecado -en otra ocasión os hablaré de la religión Culto al Street Fighter (y la secta Iglesia de los Hadokenes de los últimos días y de la llegada de Bison a la tierra (o de Vega si llega en Japón))-). me compré los mazos de Chun-Li y de Ryu.

Es un juego muy curioso que consiste, oh sorpresa, en dar de hostias al contrario hasta que se queda KO. Aun no he cogido muy bien el tema de la estrategia, pero, ya he conseguido realizar algún combo (sobre todo con Chun-Li).

UFS, significa Universal Fighting System, vamos Sistema de Lucha Universal en el idioma de Vega. Dentro del juego puedes elegir cartas (previo paso por caja) de Street Fighter, de Soulcalibur III, de Darkstalker (lo malo de este es que no hay mazos hechos, sólo sobres) y de SNK (Samurai Shodown y KOF -Buaaaarrrrggggg- de estos tampoco hay mazos).

No olvidemos que es un juego de cartas, por lo que se pueden combinar cartas del Soulcalibur con las de Street Fighter por ejemplo.

Si miramos los dibujos de las cartas (los santos, como decía mi abuela) nos podemos encontrar maravillosas ilustraciones o herejías hechas con pinceles; eso sí, en ambos casos, muy coloristas.

El sistema de juego es rápido y mortal, e incluso tienes una especie de barra de energía para hacer supergolpes que se va rellenando (llamada momentum).

Un gran juego en el que por el momento sólo he ganado un 20% de las partidas (de 5 que he jugado sólo he ganado 1, snif)





















Mira, mira, me ha salido un Ayuken

viernes, 10 de agosto de 2007

La religión rolera (I)

Desde hace mucho mucho tiempo, he estado dando vueltas a la idea de crear una nueva secta/religión. Ni que decir que gira en torno a mi aficción favorita, el rol. Su dogma es el siguiente:

Existe un Dios omnipotente, llamado el Gran Director de Juego, el Árbitro de la Vida, el Universe Master o Amo del Universo. Él creó el mundo, y a su alrededor, con menos poder giran las Almas o Jugadores.

Cuando un Alma nace en la tierra, elige un personaje, y lo lleva desde que nace hasta que muere. En esta religión se cree en la reencarnación; cuando una Alma muere, se hace otro personaje.

Los teólogos de dicha religión (es decir, yo) discuten entre sí a cerca de la existencia de los PNJ's: ¿es un perro un PNJ?, ¿y un árbol? Este campo aun no está claro.

Los que creemos en esta religión celebramos, en honor al Dios/DJ partidas de rol representando la vida así, y un sacerdote/DJ es el que emula al Gran Director de Juego.

Como se me ha ocurrido a mi esta chorrada, pues me autoproclamo Profeta.

Y por último, acabando con este post, decir, que aquel que conociera (o conociese), que descubriera (o descubriese) el sistema de juego por el que se rige nuestro mundo, gozará de gran poder.

Alabado sea aquel que tira los dados, críticos le deseo...

jueves, 31 de mayo de 2007

Resumen

En Cyberpunk, en el año 2023 nuestros héroes se dirigen a Hong Kong mediante un billete discreto para Black Ops de Orbital Air, cedido por el padre de Britta Olson, la chica que se suicidó al descubrir algo a cerca de Neurocity.

Mientras, en Fading Suns, tras la muerte de Ramsus los personajes viajan a Ningunlugar, buscando al pirata espacial Espronceda para ver qué se propone, par qué quería la antigua Canción del Pirata.

En Rune Quest, Amigo recogió el testigo de Legotrás, recogiendo de su cuerpo inerte la Fruta del pueblo elfo y la parte de la armadura del Avatar de la guerra que éste poseía. Ahora, avanzan hacia el norte al reino vecino a iniciar una guerra, a conseguir otra parte de la armadura, a intentar conseguir la paz.

En Shadowrun, siguiendo la aventura escrita por Darokin, buscan el Santo Grial, y avanzan hacia un castillo Alemán al más puro estilo Indiana Jones y la Última Cruzada.

Y en Aquelarre, avanzando por el módulo oficial La Danza Macabra... recorren el Camino de Santiago viviendo las más surrealistas aventuras.

Ale, creo que no dirijo a más cosas (por el momento).

Necrológicas III ó Legotrás... hizo crash!!

Legotrás, era un elfo... un tanto peculiar; feo como un gobling, razón por la cual, a veces sus compañeros tenían que jurar y perjurar que era un elfo. A pesar de ello, se convirtió en un héroe, teniendo en su mano la vida neonata de todo un pueblo elfo, y la misión de llevarlo a un lugar seguro en forma de fruta mágicodivina.

Pero la muerte le sobrevino... él portaba algunas piezas de la armadura del Avatar de la guerra, motivo por el cual se lanzó a la batalla en forma berserker partiendo en dos a cualquier enemigo e incluso amigo con él que se cruzara. Una herida mortal le hizo desangrarse mientras seguía segando vidas.

Ya había sobrevivido a un desmembramiento (bendito Rune Quest), por lo cual tuvo que aprender el manejo de la espada mientras encontraba un conjuro de regeneración... a pesar de eso y de lo feo que era... se convirtió en un héroe.

lunes, 7 de mayo de 2007

Necrológicas II ó The Legend Will Never Die



Esta vez, tengo el triste deber de informar de la muerte del honorable Ramsus Omar Al-Malik o رامسوس اُمار ال-ماليك, como se escribe con los caracteres del origen de su familia. Pancreator lo eleve al Empíreo junto a Zebulón. Murió en singular combate, contra aquel quien durante un tiempo fue compañero y camarada, el Vuldrok Tulkas.

Su muerte fue vengada por el honorable Samurai Li - Halan Hima Jigoro (サムライ リ - アラン イマ ヒゴロ), también en singular combate.

Sus cenizas ahora reposan en la nave en la que viajaba, ella (y la tripulación) siguen el camino que él debió seguir; intentando limpiar su nombre ante el pirata espacial Espronceda.

miércoles, 25 de abril de 2007

Cuentos de William Payne (Parte IV)


Al parecer el estúpido matón no sabía con quien trataba, pensaba que estábamos llorando desconsolados porque el hombre del saco volvería y se comería a algún otro de nosotros. Ahora estábamos todos juntos de nuevo, y teníamos las dos armas que portaba el matón. Según dijo antes de morir los malos eran unos 30, nosotros 8, algunos heridos. Sin lugar a dudas estaban en seria desventaja, sólo 30 contra 8, contra 8 lobos heridos cuya única opción era luchar o morir, sin lugar a donde huir. Lobos heridos, lobos rabiosos, los nuevos diablos que traerían el infierno a sus antiguos dueños. Era hora de matar o morir matando.


La situación era la siguiente, estábamos en un parking automático o lo que quedaba de él, para movernos por aquí utilizaríamos la plataforma en la que vinieron los matones, que antaño fue un aparcacoches autómata, ahora se controlaba desde un panel, o eso, al menos, fue lo que sentenció Robert.

Comenzamos a movernos en la isla de metal que se deslizaba sobre robustos raíles de acero y plástico. Tras un par de giros, comenzamos nuestro descenso a lo que sería el cielo. Un ruido delató la presencia de otro de estos aparcacoches y comenzamos un tiroteo en paralelo durante la bajada. Planta, cruce de disparos, planta cruces de disparos. Todo se iluminaba durante una fracción de segundo, ellos nos tiraban trozos de plomo, nosotros a ellos también. Así durante al menos 3 ó 4 plantas. Por fin llegamos a nuestro destino, a lo que pensábamos que era la salida, pero no era así. Además, nuestros enemigos también llegaban. En el último cruce de disparos Nina cayó, no sabíamos si muerta o herida, todos corrimos a lo que parecía un coche calcinado. Nina si estaba inconsciente en el suelo no corría ningún peligro, si estaba muerta, tampoco. La situación era frustrante; sin luz, si apenas armas ni blindaje, y dos tipos jugando a cazar. El Argentino se adelantó, ya que él veía en la oscuridad. No era lo mejor mandar a alguien de los Mass Media a cubrirnos el culo, pero era nuestra mejor baza, el gato que veía en la oscuridad. Robert tampoco aguantó pacientemente y se esparció, así como más tarde yo. Todo fue muy confuso, tiros, carreras, un intento por mi parte fallido de emboscada y uno de mis compañeros que me disparaba confundido. Al final, humo. La niebla se dispersó y al parecer habíamos vencido a los dos mortales matones. Ahora teníamos sus armas, sus cascos, sus blindajes, pero no para todos. Y venían más.

Teníamos una rampa de bajada, por ahí vendrían.

Robert, en una asombrosa metamorfosis en zorro, encontró un hueco por uno de los elevadores para humanos o no tanto; desde ahí bajaríamos unos cuantos y emboscaríamos a los que subiesen por la rampa. Así hicimos. Todo fue deprisa. Ya no éramos lobos, éramos leones irrumpiendo en medio de una manada de gacelas, les destrozamos, les machacamos, les cazamos. Les hicimos sangrar y gemir, huir sin demasiado éxito. Les devoramos.

Fue un gran trabajo en equipo dentro de las posibilidades de cada uno, tras la masacre, volvimos a ser lobos.

Nos quedaban otros cuantos pisos para llegar a la salida, al parecer a partir de aquí era un parking normal. Bajamos y bajamos. Ayudamos a los heridos. Nina había perdido su pie en el ascensor, apenas se quejaba, sólo temblaba. Por fin llegamos a la calle tras encontrar en una antigua caseta de cobro parte de nuestras pertenencias.

Los tipos que habíamos masacrado tenían poco que ver con los tipos que nos encerraron aquí, o al menos eso fue lo que pensamos todos, y lo que más tarde hizo que nuestra sangre se helase.

De repente ruido de motores de Jeep; es ahora cuando venían los profesionales de verdad, no los capullos pobremente equipados con parte de nuestro equipo. Es ahora cuando sonaban las trompetas del Apocalipsis, es ahora cuando aparecerán los jinetes, probablemente más de 4 que no queremos ver. Cerca, un puente ruinoso, emblema de alguna campaña preelectoral de algún alcalde corrupto, justo, después del puente, un muro que separaba la mala vida de la terrible vida en la zona de combate de Seattle. Posiblemente, fuese nuestra única salvación, eso si los policías que guardan la entrada/salida no son demasiado ciberpsicópatas y abren fuego antes de preguntar. Esa preocupación me la guardé, las cosas ya estaban lo suficientemente jodidas.

Corrimos, reptamos, nos arrastramos hasta el puente. En la rivera del río los caballos, encima, los jinetes. No llevaban guadañas, llevaban cañones de 7.62mm. Gran problema.

Nuestra carrera contra reloj contra el juicio final fue frenética, al llegar al primer cuarto del puente, se preveían infructuosa. Llegamos a lo que fueron un par de cables de acero que sujetaban parte de la estructura del puente para soportar el peso de cualquier tipo de tráfico, ahora destrozados y sobre el piso.

“Seguid vosotros” Dijo una voz que pertenecía a Scottie.

Todos preguntamos qué demonios hacía. Todos sabíamos que no llegaríamos al final del puente sin ser masacrados, Scottie también. Decidió quedarse, aguantar la tormenta y darnos un respiro. Él era quien mejor manejaba nuestra pobre artillería, el que mejor lucharía en ese campo, el que menos posibilidades tenía de llegar al final del puente, el que más nos retrasaría. Él fue quien luchó en Centro América junto a Cheng, quien ahora le abrazaba despidiéndose para siempre. Él fue quien persuadió al alemán para que no le siguiese, sólo le molestaría. Él fue quien me dijo que contase esta historia, y que contase algo bueno de él. Él fue el héroe.

Seguimos corriendo, detrás el Armagedón se llevaba a Scottie a donde no le veríamos jamás. Explosiones, ráfagas. Brillos. Silencio…

Nosotros ya estábamos ante los agentes tratando de persuadirles para que nos dejasen entrar. No sabemos cuanto fue el tiempo de la discusión, pero al girarnos, a escasos 15 metros, se encontraban los jinetes… con sus caballos jadeando, sus armas humeando.

No se qué hablaron Derek y compañía con la policía, pero tras un mortal cruce de miradas… pasamos al otro lado.

lunes, 16 de abril de 2007

Cuentos de William Payne (Parte III)

Despertamos arropados en la oscuridad, según me dijeron, algunos despertaron antes, en algún elevador o algo así. Tardamos un rato en saber cuantos y quiénes estábamos en cada una de las dos celdas que serían nuestro hogar por el momento. Hogar tan cálido como lo pueden ser cualquier mazmorra de cualquier sucio castillo europeo. Al parecer, nuestro desde hace poco amigo el argentino podía ver en la oscuridad. Buscamos, palpamos; la salida por la fuerza sería imposible. Pasó no se cuanto tiempo y algo comenzó a sonar a lo lejos, un sonido metálico, motores, algún artefacto electromecánico se acercaba. Calculé que la situación no era muy crítica ya que si hubiesen querido acabar con nosotros ya lo hubiesen hecho en ese antro infernal que hacía las veces de guarida de la banda de pandilleros árabes. El artefacto se paró, acechaba tras la puerta dejando entrar una línea de luz, al parecer no era nuestra puerta. La otra puerta se abrió, no podía ver nada, sólo oír y sentir a través de las frías paredes de hormigón.

“Atrás, atrás. Todos contra la pared” – escuché decir a un tipo, luego movimiento. En el artefacto metálico, fuese lo que fuese había unas 3 personas, o eso al menos fue lo que me dijo mi sentido del combate.

Los ruidos de protestas de mis compañeros fueron enseguida sofocados por una amenaza silenciosa, posiblemente la muestra de un arma.

“A ver… por ejemplo, tú, acércate” imperó el tipo “mirad, seré claro, no quiero que me hagáis perder el tiempo, quiero saber qué sabéis de Neurocity, a quién se lo habéis contado, no me toquéis los cojones y todo irá lo bien que tenga que ir, ¿comprendéis?” no dio tiempo a contestar ni a replicar “empieza a cantar”

Enseguida mis dudas de quién era su primera elección se disiparon: Abdel Mazid.

“No te voy a decir nada cerdo, no puedes hacer nada para que te lo diga, no tengo nada” Gimió Abdel con su acento acrecentado, seguro que por los nervios.

“No se si me has entendido lo que he dicho a cerca de perder el tiempo” la voz del interlocutor sonaba tranquila pero amenazante, como una nana mortal que amenaza a un bebé con que duerma por su bien.

A partir de aquí la conversación fue confusa, se mezclaban insultos del pobre muchacho árabe con la pérdida gradual de paciencia del tipo malo. Todo comenzó a ir más deprisa, a hablar más deprisa, era como si las palabras de los dos comenzasen a sujetarse y girar en una espiral, en un torbellino de aire que terminaba con la caída de un trueno; un disparo.

Un cuerpo cayó al suelo, inerte. Había oído muchos cuerpos caer así. Abdel seguramente estaba de rodillas cuando murió.

“Otro” dijo el asesino. Esta vez la cosa se complicaba, esta vez ese otro sería uno de mis recientes amigos o incluso Scottie. Debía hacer algo, pero no podía hacer nada.

“Bien habla… joder, como me he puesto de sangre” el proceso interrogoejecutor se interrumpió “no se puede trabajar así… bien, voy a cambiarme; haced examen de conciencia y no me jodáis” Todo se calmó, sonó otra vez la puerta al cerrarse, el artefacto al alejarse, la luz a apagarse.

La tormenta se reanudó con nuestros gritos, nuestras preguntas, respuestas y lamentos eran las gotas de la lluvia que golpeaba con fuerza todo lo que estaba a nuestro alrededor. Hubo caos, incluso yo me sumí en él.

“¡Joder! ¿qué ha pasado?” “!está muerto¡” “joder” “ el muy hijo de puta se lo ha cargado” “¿Estáis bien?” “de momento sí” “joder, joder” “hijo de puta”

Poco a poco la tormenta amainó. Fui consciente de la responsabilidad que Scottie y yo teníamos encima. Era una pesada carga que no me importaba llevar, éramos el músculo del grupo, y Cheng acababa de llegar, sería injusto que él cargase con la responsabilidad. Nos la teníamos que jugar, lo consideré como una expiación de mis pecados por mi anterior profesión, aunque esta fuese sólo un modo de ganarme la vida.

“Scottie” grité a través de la pared.

“¿Sí?” contestó

“la situación parece un poco crítica, esto requiere soluciones como en Melbourne”

Hubo un rato de silencio, a él le pesaba el tal vez morir más que a mi, pero sé que aun así no le importaba “supongo que tienes razón”

No dijo nada más, no necesitábamos decir nada más. Nos preparamos para la acción.

Pasó un tiempo, sonó de nuevo el artefacto; se mascó el nerviosismo. El demonio venía a vernos, a juzgarnos y a llevarnos con él. Le haríamos frente, las almas mártires de Scottie y Payne serían los escudos de la salvación de los inocentes y no tanto. La plataforma paró, la ruleta giró y se volvió a parar en la puerta de Scottie, Cheng y Nina.

“Vaya, estamos de suerte…” dijo Scottie antes de que volviese a comenzar la tormenta, comenzase el descenso al infierno, de desatarse el Armagedon. Todo acabó enseguida. Resultado: Scottie herido gravemente, el resto bien (o al menos con ninguna otra bala alojada en sus cuerpos que no tuviesen de antes) y el tipo rendido.

Al parecer el estúpido matón no sabía con quien trataba, pensaba que estábamos llorando desconsolados porque el hombre del saco volvería y se comería a algún otro de nosotros. Ahora estábamos todos juntos de nuevo, y teníamos las dos armas que portaba el matón. Según dijo antes de morir los malos eran unos 30, nosotros 8, algunos heridos. Sin lugar a dudas estaban en seria desventaja, sólo 30 contra 8, contra 8 lobos heridos cuya única opción era luchar o morir, sin lugar a donde huir. Lobos heridos, lobos rabiosos, los nuevos diablos que traerían el infierno a sus antiguos dueños. Era hora de matar o morir matando.

Nuevas historias de William Payne

Tras mucho tiempo sin actualizar, os dejo con la última historia de William Payne que utilicé como resumen en mi última partida dirigida a Cyberpunk. La dividiré en dos partes así será más cómo de leer y lo más importante (y auténtica excusa): serán más post para el blog.

viernes, 16 de marzo de 2007

Perrata en William Payne

Vaya, cuando presenté a William Payne dije que era uno de mis PJ's cuando realmente quería decir uno de mis PNJ's. Tal vez me traicionó el subconsciente con eso de que a Cyberpunk sólo dirijo y no juego y mis ganas subconscientes de jugar cogieron el control de mis dedos y quitaron la N de PNJ y luego al corregir el artículo hicieron que no lo viese... oohhhh conspiración neuronal...


lunes, 12 de marzo de 2007

El Ataque de Kzif

Esto es un jueguecillo que hice hace tiempo con el RpgMaker inspirado en mi campaña de Rune Quest con la que llevo dentro de poco (este verano) 9 años. No, no os alarméis a esa campaña no jugamos todos los fines de semana ni nada por el estilo, jugamos cuando hay gente suficiente para que el grupo sobreviva (aunque sea sin todos los miembros (brazos, piernas...)). Entre partida y partida a veces pasan más de 6 meses. En fin, espero que disfrutéis con este juego que por supuesto, no acabé pero lo que dura dura (de 30 minutos a 2 horas).

El Atake de Kzif

martes, 27 de febrero de 2007

La misión de Arcturus


Yo Nicodemus Alexandro, aun en plenas facultades mentales, y digo aun, debido a que tras la lucha contra Phuragojaq el Aniquilador, estas se vieron mermadas y temo una degeneración de las mismas, pudiendo incluso poner en peligro al Monasterio; por lo cual he tomado drástica decisión: Abandonar el Monasterio por el bien de todo y todos.

Para ello, necesito la ayuda de alguien para que sea mi guía, y tras meditarlo y hablarlo con mi ilustre compañero el Filósofo Arestios me aconsejó el recorrer los Mundos Conocidos llevando conmigo al Hermano Iluminado Arcturus DeMoshai para buscar una cura o en su defecto un lugar digno donde morir cuando mi llama se apague.

El se encargará mi de mi cuidado cuando yo no sea consciente de mis actos y yo a cambio, le enseñaré mientras pueda todo lo que sé. Además si lleva a buen fin esta misión encomendada, la Orden se reserva el derecho a compensarle.

Que en nuestra memoria siempre quede el recuerdo del Peregrino Sam Inabinet, Inquisidor que dio su vida por protegernos luchando contra Phuragojaq el Aniquilador, al Padre Kyoshiro de los Kalinthi actualmente en paradero desconocido y a mi.

Algo de Fading Suns

Pancreator mediante, corto y pego la carta que hice para la entrada de el padre Arcturus en Fading Suns. Eso sí, en la siguiente entrada.

lunes, 19 de febrero de 2007

¿A qué suenan las cosas que no suenan?

Chu chu, chú ¿a qué suena el aire? Chu chu, chú ¿a qué suenan las nubes? Chu chu, chú ¿a qué suena el Dungeons & Dragons?

Respuesta aquí pincha en play y disfruta.

Versión remezclada aquí.

lunes, 12 de febrero de 2007

Cuentos de William Payne (Parte II)


Algo no iba bien, lo sabía, pero dudé de mi instinto al pensar que eran las copas que Scottie y yo nos habíamos tomado como celebración de que ninguno de las chicas hubiesen salido ardiendo dentro y fuera de la red.
La próxima vez que mi instinto me diga algo, le haré caso.
Metí la llave en la cerradura de mi casa, un segundo piso, cochambroso, sin ningún atractivo para ningún cabezadorfinada, sin nada que perder si tenía que salir huyendo de las ratas de ciudad que a veces me quieren ver muerto. Nada que perder, mucho que ganar cuando se sale corriendo. La llave entró con demasiada facilidad, entonces el leve mareo del Jack Daniels dio paso a que todo el mundo girase a cámara lenta a mi alrededor con sólo una orden mental. Como antes dije, debí fiarme de mi instinto. Me aparté girando sobre mí, dejando las llaves en la puerta y apoyado contra la pared. La persona o personas que estaban dentro sabían que yo sabía que estaban dentro y que había abortado el abrir la puerta. Una eternidad de silencio fue brutalmente violada por el trueno que partió mi puerta en mil pedazos, desde la posición en la que me encontraba pude ver una lluvia horizontal de astillas artificiales y pedacitos de plomo que hacen las veces de postas, hacen las veces de billetes hacia el infierno.
En una mano la pistola en otra el celular. Estaba seguro que mi situación se agravaría, esperaba que Scottie no hubiese ido muy lejos con la furgoneta, seguro aun no había llegado a casa. Una llamada bastaría. Otro trueno, esta vez contra la pared en la que me encontraba apoyado; idiotas, esto es ladrillo y hormigón, esto es un edificio viejo, pero no tan viejo como para que los constructores hubiesen perdido la humanidad y se hubiesen convertido en especialistas en origami inmobiliario, al menos, en la época en la que se construyó. Aun así, no aguantaría otro disparo. Todo volvió a su velocidad normal, más lento. Mi celular caía al suelo a una velocidad de nada por segundo a la vez que la mano que antes lo sujetaba entraba en mi gabardina, mis pies me lanzaban contra la puerta, con suficiente impulso como para pasar de lejos por delante, todo a una pasmosa lentitud. El lugar donde yo estaba estallaba en mil pedazos, delatando el uso de termógrafo de mi atacante, pero, yo ya no estaba allí, seguía avanzando a poco más de cero millas por hora; mi mano antes ocupada en llamar a Scottie sacaba una de mis granadas de la risa, impaciente por pasar por delante de lo que antes era una puerta. El momento fue eterno, pero finalmente llegué, una mano cubría la zona a golpe de bala, y otra lanzaba la falsa puerta a una muerte segura en un habitáculo tan pequeño, seguro que cayó delante de las narices del tipo de la escopeta, había otro, tenía cara pasmado. Para mí fue un largo paseo en paralelo al suelo, para ellos un borrón que disparaba y tiraba granadas.
La reacción no se hizo esperar, oí una ventana romperse. Ese hombre se sentirá un estúpido toda su vida cuando descubra que la granada sólo lanza aire comprimido, si sobrevive. Y el otro era de esperar, salió corriendo fuera, girado hacia el borrón que había pasado delante del a puerta: yo. Y se encontró con un tipo agazapado que se lanzón contra él como un tigre: también yo, un tigre con un Kerenzikov. Desde una distancia tan cerrada no podía usar su juguetito, yo la tenía sujeta con fuerza, decidió soltarla, dar un paso y sacar una monokatana, para entonces ya tenía alojados miles de perdigones en su torso, una pena. Una pobre fuente de sangre manó de su pecho con varios chorros, de colores. Cayó de espaldas, aun consciente y jodido.
“Te mandan los cerdos esos de la ciudad de los capullos virtuales, ¿no?” No dijo nada, sabía que estaba derrotado, le acerqué el cañón y abrió más los ojos: estaba evaluando la situación.
“Neurocity” Escupió, no resignado si no evaluando la situación; mala cosa.
“Por fin dais la cara, dame nombres, de quien sea, del capullo que sea!” Creo que en ese momento yo no estaba evaluando la situación; mala cosa.
“¿Crees que con eso me amedrentas? En peores situaciones me he encontrado, Baka” Es un defecto de los mercenarios, siempre hablamos y hablamos cuando sabemos que es muy probable que muramos….
“Venga tío, sé de qué va esto, yo te digo tal, tú me dices cual, quedas muy chulo, te mato, y no consigo nada, pero te has ido al otro barrio como todo un tipo duro, sí señor, como diciendo “mira Dios, he vacilado al tipo que me ha matado, y con qué cara se ha quedado”. Soy de los tuyos, yo también lo hago, lo he hecho unas cuantas veces…” puse la cara y la voz del mismísimo Satanás y le metí la escopeta en la boca “esto es para que no digas tonterías antes de picharla”
Quiso decir algo pero sólo le salió lo que dice la gente cuando tiene una Arasaka Rapid Assault en la boca, pero pude entenderlo, os lo juero, era algo así como “tío, quítame la escopeta de la boca, tú ganas, sé que si muero veré tu cara y oiré tu voz por toda la eternidad”.
Al menos a mí, me sonó a eso.
Saqué la escopeta, y habló en el idioma de los que no tienen una Arasaka Rapid Assault en la boca.
“Abdel Mazid” Joder, sabía que este tipo seguía evaluando la situación como si fuese a venir la puta Virgen a salvarle, y así fue. Por un momento me planteé por qué debía creerle, pero los pasos que venían desde debajo de hizo ganar credibilidad, el muy capullo me dijo ese nombre porque quería ganar tiempo.
Hora de correr, pero, ¿hacia dónde? Subí por las escaleras al siguiente piso, la forma de salir más cercana era la escalera de incendios del siguiente piso que comunicaba con un descansillo. La forma de salir más cercana, también la de entrar. Era una mujer, llevaba casco y una Armalite 44 conectada a algún lado. Me había sorprendido, sólo pude avanzar y abalanzarme sobre ella mientras acertaba un disparo difícil de errar. La bala se paró en seco contra mis costillas como se paró la roca que lanzaron los Orbitales sobre Colorado Springs para exigir su independencia, el tamaño debió ser mayor, pero el dolor el mismo. Todo se nubló durante un momento, mi inconsciencia hubiese significado mi muerte; tuve suerte. Agarré su arma soltando mi escopeta, sus compañeros se acercaban y aun no estaba preparado.
El forcejeo pareció un baile, un vals bailado por dos demonios en celo durante el cual, su casco cayó, con elegante paso giramos. Ahora estaba protegido por la dama que gritaba y escupía maldiciones. Sus amigos llegaron, todo se congeló, el dolor de mis costillas parecía un concierto PunkRockTrashMetal. La tenía sujeta con fuerza. Sus amigos, dos, no se atrevieron a disparar, pero ella hizo un movimiento, por el cual se liberó de mi abrazo. Mi herida volvió a chillar, traté de agarrarla con fuerza a la vez que saltaba por la ventana hacia la escalera de incendios. Sentí que ella no me acompañaba pero la tenía entre mis brazos. Cuando recuperé la compostura y mis ganas de correr de nuevo, encontré entre mis manos su chaqueta, una chaqueta imitando el cuero y con refuerzos en articulaciones, algunos cargadores en ella. Sin soltar la prenda, comencé mi descenso al infierno urbano del suelo amigo, el cual esperaba no sobrepasar sólo con mi alma porque mi cuerpo estaría entonces acribillado y muerto. Chispas y rebotes de balas me perseguían, algunas me acompañaban y algunas subían en mi machacado cuerpo haciendo más difícil el mantener el equilibrio durante el descenso. Había encajado al menos tres balas más. Todo giró y caí al suelo. Seguía vivo e inconsciente. Miré buscando al hombre de la guadaña “creo que es mi hora” pensé. De repente apareció un neumático presentando la estructura de un vehículo. “Ahora bajará el señor MUERTE y me pedirá disculpas por llegar tarde”. Me equivoqué, era Scottie y Cheng. Lo demás es fácil de suponer y aburrido de contar.
Más tarde, entre la chaqueta blindada que conseguí, encontramos esta foto y esta dirección de Seattle.

domingo, 4 de febrero de 2007

Cuentos de William Payne (Parte I)

Estamos lejos de la ciudad, en cualquier dirección y no puedes conducir ni una milla sin atropellar bichos suficientes como para alimentar a una familia, pero no aquí. No, no en West Wind. No en West Wind. En West Wind se dan prisa en quitar la carne aplastada y los huesos rotos. Aquí, en West Wind, limpian la sangre del asfalto antes de que pueda secarse siquiera. Contemplando West Wind, nunca pensarías que la violencia existe.

Elliot Olson, un pez gordo de una gorda megacorporación. Su hija desapareció, según dice él, engullida por una realidad virtual: Neurocity, el cybersueño de miles de jóvenes y no tan jóvenes, el distractor de mentes para descanso de cuerpos, la utopía virtual. Pensé que era una paranoia del viejo, un intento de justificar su frustrado plan de padre perfecto, un intento de no echarse la culpa de malcriar a una chica con demasiadas ganas de bañarse en el neón distractorio de las nuevas tecnologías y drogas. Pero me equivocaba; Britta Olson había partido en un viaje hacia nosedonde y paró en seco en la vieja estación de Miles Osborne en la zona sur, dejando tras de si, su joven cadáver y una pintada con spray en una destartalada pared: “Ellos nos controlan, ellos nos miran, ellos nos vigilan”. Al volarse los sesos había decidido dejarnos ese mensaje y un rompecabezas metido en una caja, una caja llamada Neurocity.

Scottie, yo y unos recomendados del bueno de Eddie nos zambullimos en el laberinto de electrones que construía la ciudad de los sueños virtuales, nuestras no-existentes narices olisquearon por toda la ciudad y encontramos poco más que juegos, sexo y una imitación mediocre la inmundicia del mundo real. Finalmente parece que abrimos la caja por el borde adecuado, apareciendo varias piezas del puzzle que había desgarrado la vida de la chica: Edmund, un tipo de no era quien decía ser y que ni él mismo sospechaba el no serlo; una invitación para conseguir un salto al podium de los privilegiosde los ciudadanos virtuales de Neurocity y una pieza que nosotros mismos recortamos: Neurocity conectada a otro gran sistema por el cordón umbilical de una CLD. Nuestras narices virtuales han empezado a oler algo, aun no sabemos qué. De momento sólo nuestros cerebros son los que han trabajado, pero sospecho que ahora serán nuestros músculos.

Y aquí estamos, mirando las piezas, observando cada estría del borde, nerviosos, esperando su movimiento, esperando la repercusión de cada uno de nuestros movimientos.

Mientras, ahí quedan los amigos de Britta, su padre y todo aquel a quien pueda interesar la muerte de la chica, con sus corazones desgarrados, esperando que seamos nosotros los que pongamos la venda que, según piensan les hará sentir mejor; sentirse a gusto porque la muerte de Britta ha sido vengada.



William Payne
-Street Storyteller y Samurai callejero-

martes, 30 de enero de 2007

William Payne


Aquí debería poner William Payne


William Payne es uno de mis Pj's, es un hombre un tanto flipado. Mercenario y cuentahistorias callejero con cierta (e incomprensible) fama. Cuentas sus historias con un empacho de dramatismo pero a la gente le gusta (es por su liderazgo carismático de +1).

Evidentemente es un homenaje a Max Payne (sí, homenaje. Si se tiene cierto nivel en algo, se homenajea, si no... se copia. Yo homenajeo XD). Me hizo mucha gracia su manera de contar las cosas, de manera tan desgarradora que daba risa. Así que de repente, un día entre los personajes de mis jugadores, apareció William Payne, acompañado de Scottie (tal vez hable otro día de él).

He de decir que también uso a Max Payne como herramienta en la dirección de juego, ya que un par de veces se ha encargado de las intros al módulo del día (sí, hago intros como en las series). En otro momento subiré alguno de sus melodramáticos relatos.


He aquí a nuestro amigo Payne en sus tiempos mozos (en carne y hueso)

martes, 23 de enero de 2007

Necrológicas I ó Hasta siempre Julie







Nosecuanto de Septiembre de 2023,


Muere Julie a manos de la señora Pherson en un hospital de Night City. Iban a por ella y a por los demás, en los pasillos del ala de traumatología, se desató en infierno. Intentaron devolverla a la vida, y lo consiguieron; después de todo, estaban en un hospital. La alegría no duró mucho, ya que no era prudente quedarse allí, y Derek y Robert tuvieron que pedir el alta voluntario de una forma muy poco ortodoxa (léase, a punta de pistola). Julie no aguantó el camino a un lugar seguro, Derek poco pudo hacer (vale, vale, pifió una tirada de técnica médica o de manejar tanque criogénico, pero eso quita dramatismo a la historia). En el nuevo hospital donde llegaron, dijeron que pagarían su cremación con lo que sacaran de sus ciberimplantes y órganos que aun se pudieran utilizar. La urna corrió por cuenta de Derek.

Julie murió en un momento erróneo de su vida, la muerte (con su impasible dado de 10 caras gigante) se equivocó de instante, ella no quería morir ese día. Hubo otros días donde no le hubiese importado, donde lo hubiese agradecido. Uno de ellos fue tras la muerte de su amigo y amante Brad Levin en Alaska, buscando al Rey Negro. Otro, tras la muerte de Jhonny Woo a manos de Nina Halford, cortesía de la Reina Negra. Los momentos que vinieron después fueron confusos para ella, desapareció sin decir palabra, se dedicó a las drogas quemando su cuerpo. Ni siquiera ella fue consciente de las orgías, raves y parejas de una noche que tuvo, nadie sabe que se prostituyó por más drogas, ni si quiera ella lo recordaba.

La muerte de Julie ha sumado otro dígito a la larga cuenta pendiente de venganzas contra Neurocity. Algunos de sus amigos han jurado que los que están detrás de todo esto pagarán. Mientras el Señor Pherson se recupera...
Ilustración de Julie by Muppo

lunes, 22 de enero de 2007

Nueva dote para el D&D 3ª: Fatality

Siempre que he propuesto a mis directores de juego de D&D esta dote, han pasado de mi, pero opino que es una dote que da al D&D toda la seriedad que se merece.

El requisito indispensable es que el personaje tenga en su alineamiento Caótico y/o/u Malvado además de poseer nivel 5 o más.

Dicha dote consiste en que cuando el personaje que tiene la dote deja a algún enemigo en puntos negativos, (con esto de que si que se muere que si no se muere) se levantará y se quedara tambaleándose tal y como se muestra en la figura 1. Entonces el personaje le realizará el fatality (en el asalto siguiente) y estará todo el asalto realizándoselo, pudiendo recibir un ataque de oportunidad. Una vez realizado, el enemigo muere. Los detalles gore del fatality se deberán discutir entre el jugador y el director de juego. Sólo tendrá un tipo de fatality (por ejemplo, arrancarle el corazon) y si quiere otro, deberá pillar otra dote. La resurrección del fatalitado debería ser mas difícil, pero como no me conozco las reglas del D&D no entro en detalles.


Figura 1.



Figura 2.

Hooola

Hola, esto es una prueba a ver como funciona esto, luego, si funciona bien, pondré chorradas y más chorradas, para luego cansarme y dejarlo abandonado para siempre, como todo proyecto de este tipo... total, es gratis.