lunes, 12 de febrero de 2007

Cuentos de William Payne (Parte II)


Algo no iba bien, lo sabía, pero dudé de mi instinto al pensar que eran las copas que Scottie y yo nos habíamos tomado como celebración de que ninguno de las chicas hubiesen salido ardiendo dentro y fuera de la red.
La próxima vez que mi instinto me diga algo, le haré caso.
Metí la llave en la cerradura de mi casa, un segundo piso, cochambroso, sin ningún atractivo para ningún cabezadorfinada, sin nada que perder si tenía que salir huyendo de las ratas de ciudad que a veces me quieren ver muerto. Nada que perder, mucho que ganar cuando se sale corriendo. La llave entró con demasiada facilidad, entonces el leve mareo del Jack Daniels dio paso a que todo el mundo girase a cámara lenta a mi alrededor con sólo una orden mental. Como antes dije, debí fiarme de mi instinto. Me aparté girando sobre mí, dejando las llaves en la puerta y apoyado contra la pared. La persona o personas que estaban dentro sabían que yo sabía que estaban dentro y que había abortado el abrir la puerta. Una eternidad de silencio fue brutalmente violada por el trueno que partió mi puerta en mil pedazos, desde la posición en la que me encontraba pude ver una lluvia horizontal de astillas artificiales y pedacitos de plomo que hacen las veces de postas, hacen las veces de billetes hacia el infierno.
En una mano la pistola en otra el celular. Estaba seguro que mi situación se agravaría, esperaba que Scottie no hubiese ido muy lejos con la furgoneta, seguro aun no había llegado a casa. Una llamada bastaría. Otro trueno, esta vez contra la pared en la que me encontraba apoyado; idiotas, esto es ladrillo y hormigón, esto es un edificio viejo, pero no tan viejo como para que los constructores hubiesen perdido la humanidad y se hubiesen convertido en especialistas en origami inmobiliario, al menos, en la época en la que se construyó. Aun así, no aguantaría otro disparo. Todo volvió a su velocidad normal, más lento. Mi celular caía al suelo a una velocidad de nada por segundo a la vez que la mano que antes lo sujetaba entraba en mi gabardina, mis pies me lanzaban contra la puerta, con suficiente impulso como para pasar de lejos por delante, todo a una pasmosa lentitud. El lugar donde yo estaba estallaba en mil pedazos, delatando el uso de termógrafo de mi atacante, pero, yo ya no estaba allí, seguía avanzando a poco más de cero millas por hora; mi mano antes ocupada en llamar a Scottie sacaba una de mis granadas de la risa, impaciente por pasar por delante de lo que antes era una puerta. El momento fue eterno, pero finalmente llegué, una mano cubría la zona a golpe de bala, y otra lanzaba la falsa puerta a una muerte segura en un habitáculo tan pequeño, seguro que cayó delante de las narices del tipo de la escopeta, había otro, tenía cara pasmado. Para mí fue un largo paseo en paralelo al suelo, para ellos un borrón que disparaba y tiraba granadas.
La reacción no se hizo esperar, oí una ventana romperse. Ese hombre se sentirá un estúpido toda su vida cuando descubra que la granada sólo lanza aire comprimido, si sobrevive. Y el otro era de esperar, salió corriendo fuera, girado hacia el borrón que había pasado delante del a puerta: yo. Y se encontró con un tipo agazapado que se lanzón contra él como un tigre: también yo, un tigre con un Kerenzikov. Desde una distancia tan cerrada no podía usar su juguetito, yo la tenía sujeta con fuerza, decidió soltarla, dar un paso y sacar una monokatana, para entonces ya tenía alojados miles de perdigones en su torso, una pena. Una pobre fuente de sangre manó de su pecho con varios chorros, de colores. Cayó de espaldas, aun consciente y jodido.
“Te mandan los cerdos esos de la ciudad de los capullos virtuales, ¿no?” No dijo nada, sabía que estaba derrotado, le acerqué el cañón y abrió más los ojos: estaba evaluando la situación.
“Neurocity” Escupió, no resignado si no evaluando la situación; mala cosa.
“Por fin dais la cara, dame nombres, de quien sea, del capullo que sea!” Creo que en ese momento yo no estaba evaluando la situación; mala cosa.
“¿Crees que con eso me amedrentas? En peores situaciones me he encontrado, Baka” Es un defecto de los mercenarios, siempre hablamos y hablamos cuando sabemos que es muy probable que muramos….
“Venga tío, sé de qué va esto, yo te digo tal, tú me dices cual, quedas muy chulo, te mato, y no consigo nada, pero te has ido al otro barrio como todo un tipo duro, sí señor, como diciendo “mira Dios, he vacilado al tipo que me ha matado, y con qué cara se ha quedado”. Soy de los tuyos, yo también lo hago, lo he hecho unas cuantas veces…” puse la cara y la voz del mismísimo Satanás y le metí la escopeta en la boca “esto es para que no digas tonterías antes de picharla”
Quiso decir algo pero sólo le salió lo que dice la gente cuando tiene una Arasaka Rapid Assault en la boca, pero pude entenderlo, os lo juero, era algo así como “tío, quítame la escopeta de la boca, tú ganas, sé que si muero veré tu cara y oiré tu voz por toda la eternidad”.
Al menos a mí, me sonó a eso.
Saqué la escopeta, y habló en el idioma de los que no tienen una Arasaka Rapid Assault en la boca.
“Abdel Mazid” Joder, sabía que este tipo seguía evaluando la situación como si fuese a venir la puta Virgen a salvarle, y así fue. Por un momento me planteé por qué debía creerle, pero los pasos que venían desde debajo de hizo ganar credibilidad, el muy capullo me dijo ese nombre porque quería ganar tiempo.
Hora de correr, pero, ¿hacia dónde? Subí por las escaleras al siguiente piso, la forma de salir más cercana era la escalera de incendios del siguiente piso que comunicaba con un descansillo. La forma de salir más cercana, también la de entrar. Era una mujer, llevaba casco y una Armalite 44 conectada a algún lado. Me había sorprendido, sólo pude avanzar y abalanzarme sobre ella mientras acertaba un disparo difícil de errar. La bala se paró en seco contra mis costillas como se paró la roca que lanzaron los Orbitales sobre Colorado Springs para exigir su independencia, el tamaño debió ser mayor, pero el dolor el mismo. Todo se nubló durante un momento, mi inconsciencia hubiese significado mi muerte; tuve suerte. Agarré su arma soltando mi escopeta, sus compañeros se acercaban y aun no estaba preparado.
El forcejeo pareció un baile, un vals bailado por dos demonios en celo durante el cual, su casco cayó, con elegante paso giramos. Ahora estaba protegido por la dama que gritaba y escupía maldiciones. Sus amigos llegaron, todo se congeló, el dolor de mis costillas parecía un concierto PunkRockTrashMetal. La tenía sujeta con fuerza. Sus amigos, dos, no se atrevieron a disparar, pero ella hizo un movimiento, por el cual se liberó de mi abrazo. Mi herida volvió a chillar, traté de agarrarla con fuerza a la vez que saltaba por la ventana hacia la escalera de incendios. Sentí que ella no me acompañaba pero la tenía entre mis brazos. Cuando recuperé la compostura y mis ganas de correr de nuevo, encontré entre mis manos su chaqueta, una chaqueta imitando el cuero y con refuerzos en articulaciones, algunos cargadores en ella. Sin soltar la prenda, comencé mi descenso al infierno urbano del suelo amigo, el cual esperaba no sobrepasar sólo con mi alma porque mi cuerpo estaría entonces acribillado y muerto. Chispas y rebotes de balas me perseguían, algunas me acompañaban y algunas subían en mi machacado cuerpo haciendo más difícil el mantener el equilibrio durante el descenso. Había encajado al menos tres balas más. Todo giró y caí al suelo. Seguía vivo e inconsciente. Miré buscando al hombre de la guadaña “creo que es mi hora” pensé. De repente apareció un neumático presentando la estructura de un vehículo. “Ahora bajará el señor MUERTE y me pedirá disculpas por llegar tarde”. Me equivoqué, era Scottie y Cheng. Lo demás es fácil de suponer y aburrido de contar.
Más tarde, entre la chaqueta blindada que conseguí, encontramos esta foto y esta dirección de Seattle.

5 comentarios:

Bokeratsu dijo...

Sí, el de la foto es William Payne en la actualidad.

El actor que le encarna trabaja como guionista para el juego Max Payne y también pone cara al personaje (qué casualidad!)

Anónimo dijo...

Mu chulo el relato , ¿Para cuando la continuación , con la heroica y emotiva muerte de Scotie para salvar a sus compañeros,(menudo tonto , por cierto , ninguno de todos nosotros pestañeo si quiera cuando se ofrecio como martir para que pudiesemos escapar)?

Bokeratsu dijo...

Hombre.. niko casi se queda, pero debió acordarse del octoberfest (o como se escriba) y decidió vivir un poco más.

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...

Of course. Los amigos son importantes, pero la cerveza es sagrada.

Y se escribe OKTOBERFEST:
www.alemania-online.de/geografia/oktoberfest.shtml

Según la Biblia Cervecera, todo creyente debe peregrinar a Oktoberfest al menos una vez en su vida, o cuando muera pasará el resto de la eternidad bebiendo Cruzcampo.